LA EDUCACIÓN SUPERIOR. Hacia una universidad sin mitos (Parte II)

Leonardo Carvajal

3. Una paradoja, una aporía y una constelación mítica

La paradoja es que tenemos una universidad rica con un profesorado y un estudiantado empobrecido. A pesar de que la educación superior ha sido, sea cual sea el gobierno de turno, recibe el porcentaje más alto del presupuesto educativo total del Estado (43%) tenemos un drástico empobrecimiento de las condiciones laborales de los docentes y de los servicios de apoyo a los estudiantes (bibliotecas, becas, comedor, etc.), esto a pesar de ser la mejor tratada financieramente por los gobiernos entre las universidades de todos los países de América Latina.

Hay dos problemas de fondo: primero, muchas universidades públicas ya están destinando dos terceras partes de su presupuesto para el pago de personal docente al pago de personal pasivo, a jubilados. Segundo, los profesores activos dejaron de ser una auténtica generación de relevo por el fenómeno de la rotación laboral o el abandono de la carrera profesoral. Tal realidad se constituye para el futuro en una auténtica aporía o callejón sin salida porque las universidades son sus comunidades de enseñantes e investigadores.

Entremos en la zona mítica para analizar estos hechos. Hay que modificar el modelo para que los ahorros, los mayores ingresos y el uso eficiente de los recursos aseguren su sostenibilidad. Propongo 10 medidas de cambio:

Primera. Las universidades deben incrementar los recursos que reciben por concepto de contratos por sus servicios de asesorías y producción tecnológica con instituciones del Estado y empresas privadas

Segunda. En Venezuela el peso del personal administrativo y obrero en la plantilla total de las universidades es muy alto. La gran mayoría de los servicios que hoy por hoy realiza el personal obrero sea prestado mediante contrataciones de servicios establecidos entre la universidad y empresas externas a ellas.

Tercera. Muchas de las carreras universitarias podrían cursarse en 4 años en lugar de 5, organizando de una manera más eficiente el uso del calendario y podando al currículo de contenidos superfluos o redundantes. Ello implicaría un ahorro en la inversión y una disminución del costo de oportunidad para los estudiantes.

Cuarta. Aprovechar el tiempo con intensidad. Muchas universidades trabajan solo en 32 de las 52 semanas que tiene cada año al ofrecer tan solo dos semestres de 16 semanas. Debería existir una programación continua y el uso intensivo de los meses de vacaciones, estableciendo un calendario de permisos escalonados para profesores y obreros.

Quinta. Las universidades deben funcionar integradas en redes regionales, sin desmedro de sus autonomías, para optimizar el uso de los recursos físicos, financieros y humanos de que se dispongan.

Sexta. Deben esclarecerse sistemas nacionales y regionales de evaluación y acreditación de los programas de las instituciones del sector universitario. Estos sistemas no pueden ser optativos sino obligatorios.

Séptima. Hay que respetar el principio de la gratuidad de la enseñanza universitaria impartida por las universidades del Estado, pero hay que atender el principio de la solidaridad y corresponsabilidad. Si el Estado y la sociedad deben garantizar la equidad para el ingreso y permanencia de los estudiantes, debe exigirse a los estudiantes la práctica de la equidad a partir de su egreso como profesionales. Se debe establecer un impuesto de solidaridad intergeneracional del 1% del salario a los profesionales egresados de las universidades oficiales, y otro 0,5% de su salario a ser pagado por las empresas que los contraten, ambos a beneficio de la universidad pública que lo formó.

Octava. Las jubilaciones de los profesores deberían darse a partir de los 35 años de servicio. Hay que hacer una diferencia entre el maestro de primaria que debe ser jubilado después de interactuar 40 horas semanales con niños a los largo de 25 años, y un investigador o profesor que se jubila a los 50 ó 55 años.

Novena. Cambiar el modelo de trabajo basado en los tiempos de permanencia del profesor en la institución. Hay que fundarlo más bien en el cumplimiento de tareas y generación de productos con excelencia.

Décima. Relativizar el mito de que todo docente tiene que ser investigador. Esto confunde lo que es la esencia de una organización universitaria con los que deben ser los rasgos del perfil del profesor. Esto se traslada al mito de la dedicación a tiempo completo o exclusiva para la investigación y la enseñanza. En la práctica no ocurre así y por eso hay que desmontar ese mito.

Leonardo Carvajal. Licenciado en Educación y Doctor en Educación. Profesor de la UCAB y de la UCV. Directivo de la Asociación Civil Asamblea de Educación. Investigador del  Centro de Investigaciones de Formación Humanística de la UCAB.

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