LA EDUCACIÓN SUPERIOR. Hacia una universidad sin mitos

Leonardo Carvajal

1. ¿Es la universidad una institución conservadora?

La universidad mantiene una cantidad de rasgos de su modelo primigenio surgido hace ocho siglos. Se necesita tener permanentemente una actitud favorable a la renovación de la institución para que esta no tenga que pagar el precio de ser atrapada por una obsolescencia que no se advirtió a tiempo. Todo debe ser discutido y sometido al libre examen, so pena de que se fosilicen el pensamiento y la acción, y cuando digo todo incluyo el sagrado concepto de la autonomía.

Hay que tratar el tema de la autonomía desde un enfoque histórico. Poco se ha hecho en las universidades en la dirección de renovar conceptos. Quiero invitar a pensar lo que significa que en pleno siglo XXI se siga manteniendo en la jerga universitaria la trilogía conceptual medieval de campus, cátedra y claustro.

¿Campus? ¿Campus entendido como el espacio físico cerrado que goza de inviolabilidad territorial, en el cual se reúnen los profesores y los estudiantes en la era en que cualquier docente se puede “encontrar” con sus estudiantes de cualquier rincón del planeta por medio de Internet?

¿Cátedra? ¿No era ella acaso una suerte de trono académico desde el cual el maestro medieval leía las tesis del día que luego explicaría con el fin de que sus alumnos la repitiesen según la fórmula de lectio-explicatio-repetitio? ¿No está acaso asociada la cátedra al magister dixit o sea, al principio de autoridad, tan así que –según las normas de la iglesia Católica- cuando el Papa habla ex cathedra, desde la cátedra, su palabra es infalible?

¿Claustro? ¿Por qué claustro y no congreso, asamblea o encuentro? ¿Acaso claustro en su origen latino no significa cerrojo, barrera, clausura, sentidos muy pertinentes para las reuniones conventuales, pero nada convenientes para una institución que debe ser transparente y estar abierta a múltiples conexiones con la sociedad?

2. Un mito antiguo y otro reciente

Creo que es un mito (es decir, un relato que desfigura una cosa y le da apariencia de ser más valiosa o atractiva, como dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) el que en la Ley de Universidades de 1970 –que en realidad es la de 1958- se establezca que una de las facetas de las universidades autónomas sea su “autonomía financiera”. Porque la verdad es que esa faceta de su autonomía se constriñe a la organización y administración de su patrimonio, el cual le genera una minimísima parte de las rentas que recurrentemente necesita para su funcionamiento.

Las universidades, en materia financiera, son autónomas para imaginar, desear, planificar, solicitar y hasta exigir…pero quien lo decide es el Poder Ejecutivo Nacional y por lo tanto ellas no son propiamente autónomas.

Hay mitos que se incuban en el presente. Como el de la democracia política al interior de las universidades. El Tribunal Supremo de Justicia ha venido suspendiendo las elecciones para renovar las autoridades rectorales y decanales en las universidades autónomas por cuanto, según alega el TSJ, ellas no pueden realizarse solo con la participación  como electores de profesores y estudiantes. Dicen que debe existir “igualdad de condiciones de los derechos políticos” de los profesores, estudiantes, empleados, obreros y egresados.

No se puede extrapolar al mundo académico un criterio que en el plano estrictamente político, sindical y gremial sí es plenamente válido. A partir de 1946, cuando se les reconoció a las mujeres y a las personas analfabetas su derecho al sufragio universal y directo nos convertimos en una democracia en lo político. Pero no todas las instituciones de la sociedad tienen que regirse por el mismo patrón de amplios derechos políticos porque no son espacios o circuitos de participación política, aunque sí sean asimilables al canon político. Podemos preguntar, por ejemplo, si en el caso del ejército, si los miles de soldados deben votar las decisiones a tomar al unísono con centenares de capitanes y decenas de generales.

No debe haber igualdad de derechos políticos en las universidades porque ella  no es un espacio político sino académico en el que se hace investigación científica y se forma en saberes y valores a quienes aspiran a ser profesionales. Por tanto su esencia está conformada por la dialéctica maestro-aprendiz.

3. La “Santísima Trinidad” de docencia-investigación-extensión

Aludir a la trilogía de funciones de la universidad es una forma rutinaria, impropia y hasta dogmática de definirla. Objeto tajantemente la pertinencia del concepto de “docencia” y creo necesario proponer cuatro procesos que promueven la consecuencia de cuatro propósitos de la institución universitaria:

Hasta ahora las funciones son: Docencia, Investigación y Extensión

Mi propuesta es que el proceso de Enseñanza-Aprendizaje tenga el propósito de Formación Profesional; el proceso de Investigación tenga el propósito de Creación y Crítica del saber; el proceso de Extensión tenga el propósito de Proyección social y el proceso de Gerencia tenga el propósito de Autogobierno eficiente.

Leonardo Carvajal. Licenciado en Educación y Doctor en Educación. Profesor de la UCAB y de la UCV. Directivo de la Asociación Civil Asamblea de Educación. Investigador del  Centro de Investigaciones de Formación Humanística de la UCAB.

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