LOS EDUCADORES. Una agenda para la valorización de nuestros educadores.

Tulio Ramírez

Una carta de renuncia de un maestro de la población de Ibarra en Ecuador, Manuel Pasquel, redactada en 1873,  muestra una realidad que ha marcado los sistemas educativos latinoamericanos desde aquellos tiempos: un aparato escolar que ha crecido incorporando cada vez más a una población históricamente excluida de este beneficio, sin una política clara y consistente de valoración y recompensa a los maestros, proporcional a la labor realizada. La constante ha sido la postergación intencionada del reconocimiento del importante rol que cumplen estos servidores públicos.

  1. EL MAESTRO VENEZOLANO: ENTRE ALABANZAS Y MALTRATOS

En Venezuela, desde el propio Libertador Simón Bolívar –cuando afirmó que los pueblos marchaban al ritmo de su educación- los maestros se han convertido en los chivos expiatorios para endosarles buena parte de la causa de nuestras desgracias como país y como pueblo.

Mientras en los discursos, la figura del maestro se eleva a un pedestal casi celestial, en la realidad es tratado como un trabajador más bien de baja categoría preocupado por su salario y trabajar lo menos posible.

Las exigencias, requisitos y expectativas con respecto a la labor magisterial colocan al docente como un profesional estratégico para el desarrollo del país, pero quienes les hacen estas altas exigencias son los mismos que los señalan cada vez que luchan por sus reivindicaciones  laborales tildándolos de sindicaleros e insensibles.

Durante el gobierno del Presidente Hugo Chávez, la relación entre el Ejecutivo y los maestros venezolanos ha sido muy desventajosa y llena de inconvenientes como los intentos por imponer el Decreto 1.011 en el año 2001, la implantación de un paralelismo sindical  para quitarle fuerza a las organizaciones de trabajadores no controladas por el oficialismo,  los intentos de imponer el Diseño Curricular para el Sistema Educativo Bolivariano entre los años 2007 y 2008, un diseño curricular que a todas luces perseguía el adoctrinamiento en torno a las ideas del socialismo del Siglo XXI contraviniendo la Constitución Nacional, y la implantación de un “apartheid laboral” por razones políticas mediante el cual se privilegia la contratación de docentes graduados en la Misión Sucre en detrimento de los profesionales egresados de las universidades autónomas y los institutos asociados a la UPEL.

A esto se une la desmejora de las condiciones de asistencia médico asistencial y salariales, la tardanza en los pagos de jubilaciones,  así como las presiones políticas y discriminación por motivos ideológicos. Las condiciones en las cuales desempeña su trabajo son cada día más precarias: deterioro en la infraestructura de las escuelas públicas por falta de inversión por parte del Estado, falta de nuevas escuelas, desaparición paulatina del Programa de Alimentación Escolar y la falta de recursos  para el aprendizaje en las escuelas.

Existe una gran desprotección de la carrera docente desde el punto de vista jurídico, a pesar de que desde hace más de 20 años el número de docentes con título universitario ha ido creciendo sostenidamente.  Venezuela está entre los países con más profesionales ejerciendo la docencia en los niveles pre-universitarios, sin embargo esto no se ha traducido en un tratamiento digno por parte del Estado en lo que tiene que ver con los procedimientos de ingreso y ascenso en la carrera docente.

Durante el gobierno del Presidente Hugo Chávez  se dejó de aplicar el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente (1991) que imponía transparencia en el ingreso, evaluación y ascenso de los maestros adscritos a las dependencias del Estado.

La nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) impone que para aspirar a la titularidad de cargos y ascensos los docentes se deben someter a una evaluación de méritos académicos y de su “desempeño ético, social y educativo”. Esto sería materia de un reglamento que luego de dos años aún no ha sido promulgado, pero sí queda claro que las evaluaciones serán realizadas no por sus pares docentes sino por la participación comunitaria a través de colectivos internos y externos de la escuela que ejercen la llamada “contraloría social”.

  1. HABLAN LOS MAESTROS

Todo gobierno debe comprender que sólo con un docente satisfecho con sus condiciones de trabajo y con el conjunto de beneficios que lo hagan sentirse reconocido como pieza importante del desarrollo educativo del país, es posible darle sentido de factibilidad a cualquier reforma o cambio con miras a lograr los estándares de calidad reconocidos internacionalmente. Para tener una mejor educación no basta con mejorar y actualizar los diseños curriculares, ni con garantizar la inclusión, no basta inclusive con remodelar las escuelas y dotarlas con los mejores y más actualizados recursos, es necesario tener un docente bien formado y sobre todo motivado, con ganas de dar lo mejor de sí, comprometido con lo que hace.

En investigaciones realizadas en 2006 y 2010 sobre los niveles de satisfacción  laboral de los maestros y sobre la percepción de los factores generadores de estrés laboral, respectivamente, los resultados señalan que uno de los factores que provocan insatisfacción laboral es el referido a la autonomía en el aula. Otros resultados señalan que entre las causas de estrés laboral están: la inseguridad en el lugar de trabajo, la polarización política del país, la remuneración, el discurso presidencial sobre educación, la implantación del nuevo diseño curricular, la ausencia de recursos para trabajar en aula, entre otros. Revela una realidad preocupante, que los docentes no hayan expresado entre las causas de estrés laboral el rendimiento de sus estudiantes, mejor cualificación profesional, actualización en los contenidos de sus asignaturas, adquirir competencias en el uso de las nuevas tecnologías, por ejemplo. Esto demuestra que estamos ante un docente cada día más desmotivado y sin interés por tratar de hacer de manera eficiente su trabajo ya que no visualiza en el horizonte posibilidades de crecimiento profesional y mucho menos reconocimiento por el esfuerzo en cualificarse.

Tulio Ramírez. Es sociólogo y abogado, doctor en Educación y profesor de la UCV y la UPEL. Actualmente es coordinador del Programa de Doctorado en Educación de la UCV y preside de la asociación civil Asamblea de Educación.

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