¿Educación sin educadores?

Luis Ugalde / El Nacional

Necesitamos un gran ejército de 500.000 buenos educadores, formados, convencidos, dedicados y actualizados para alcanzar la prosecución escolar y la calidad establecidas en la Constitución; necesario para tener personas realizadas en país exitoso.

Estamos muy lejos de lograrlo y sin buenos educadores no puede haber buena educación.

Estamos mal, pero vamos para peor: alarma ver que en los buenos colegios de hijos de profesionales, de cada 150 bachilleres graduandos sólo 1 o 2 escogen la carrera de educación. ¡Dramático! Venezuela no tiene los educadores que necesita, ni los va a tener, si no hay un cambio drástico. 

En el pasado la “fiebre del oro” con el hallazgo de nuevas vetas de mineral producía avalanchas masivas de trabajadores en busca de fortuna para saltar de la pobreza a la riqueza. Hoy nuestro oro es la buena educación para todos. No hay ninguna razón que justifique el actual desastre venezolano en cuanto a la calidad educativa, especialmente en los más pobres. El nuevo gobierno, con el respaldo de la sociedad entera, tiene que tomar decisiones drásticas para generar buenos educadores y crear una inmensa corriente de jóvenes motivados para ser educadores. Proponemos cuatro o cinco políticas complementarias promotoras de educadores:

1-Generar y estimular la opción de decenas de miles de jóvenes de buen talento que cada año escogen la carrera de educación, porque les gusta formar a otros, aprecian el valor estratégico de la educación para transformar el país y las personas, es bien remunerada y ofrece una buena carrera ascendente.

2-Transformar a los educadores en ejercicio con oportunidades para su actualización, motivación exigente, reconocimientos y estímulos para su formación permanente.

3-En la formación universitaria de educadores promover carreras inicialmente más cortas con pronta salida al trabajo, pero abiertas a un horizonte de formación continua, evaluación de rendimiento, gratificación creciente y mejoramiento permanente. Con una formación universitaria más práctica, menos libresca y más cercana a las escuelas más pobres desde el primer año, para que se enamoren de los niños y del trabajo en aula y se entusiasmen con el reto.

Con un gobierno decidido que sin ambigüedades convoca a empresas, fundaciones, educadores, padres y sociedad entera a movilizarse, dentro de cinco años estaremos ascendiendo por este camino.

Hoy la realidad de los educadores es trágica en todos los niveles. Las universidades no pueden retener a los mejores talentos, pues un docente gana menos de la mitad de hace 30 años; el instructor, después de larga formación, gana 620 bolívares por encima del salario mínimo de 2.047,52 bolívares (desde septiembre). En los otros niveles los educadores están muy cerca de ese salario, la mitad de lo que deberían ganar. Sobre esta base no tendremos educadores.

El Gobierno acaba de imponer tarde y mal a los colegios privados la obligación de no aumentar las mensualidades (en consecuencia el salario de sus profesores), más del 10%; es decir: menos de la mitad de la inflación. Esa disminución real obliga a los maestros a subsidiar con sus rebajas a las familias, que en los sectores medios tienen más nivel económico que ellos. El Gobierno lo hace cada año para estrangular la educación privada y llevarnos al paraíso cubano en el que sólo puede educar el gobierno-partido; y ahora además por demagogia electoral de represar artificialmente la funesta inflación.

4-Cuanto antes se debe establecer un sistema público de jubilaciones para todos los educadores ­en centros oficiales y privados­ que evite el retiro prematuro y asegure un nivel de vida digno.

5-En educación se juega en equipo. Cada centro educativo tiene que tener sus equipos estables y su buen director que, junto con las madres, padres y educandos, se proponen metas concretas de superación anual en las habilidades y conocimientos básicos de razonamiento matemático, de lectura, escritura, lenguaje informático…, formación solidaria ciudadana y vivencia de valores humanos. Nada de esto ocurrirá si el nuevo gobierno ­en contraste con el actual­ no crea una fiebre educativa para poner inspiración y recursos financieros, no en comprar aviones de guerra, misiles tanques y fusiles, sino en impulsar cientos de miles de buenos educadores.

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