Gasolina para educar

Luis Ugalde / El Nacional

Faltan 5.000 millones de dólares adicionales en las escuelas para que los niños tengan buena educación, pero mientras, cada año se regalan miles de millones en gasolina a los que más y mejores carros tienen

El petróleo no es una maldición, pero su mal uso es una tentación en la que caímos hace tiempo. Faltan 5.000 millones de dólares adicionales en las escuelas para que los niños tengan buena educación, pero mientras, cada año se regalan miles de millones en gasolina a los que más y mejores carros tienen. Para mantener este absurdo nos hemos inventado dos cuentos falsos: 1) Venezuela tiene petróleo a granel y lo debe suministrar a los suyos como arroz. 2) Si aumenta el precio de la gasolina, el pueblo se va a lanzar a la calle y caerá el gobierno. La verdad es que cuesta mucho extraer el petróleo, refinarlo y procesar la gasolina que hace marchar a su automóvil. El Estado perdió el año pasado unos 2 mil millones de dólares por no cobrar, al menos, el precio al costo de producción. Si lo comparamos con el precio de exportación de la gasolina, el subsidio (y la pérdida) sube a una cifra entre 12 y 15 mil millones de dólares al año; en una década más de 100.000 millones de dólares.

No es bueno el Estado que regala la gasolina a los que tienen más y mejores autos, sino injusto y estúpido al botar el dinero que se necesita para lograr una buena educación de millones de niños y jóvenes venezolanos. Hay que parar gradualmente esa hemorragia partiendo de cobrar lo que cuesta producir la gasolina y por lo menos acercarse al precio de su venta en el exterior. Ahí están los 5 millardos de dólares adicionales para la educación.

En Venezuela van de la mano la gasolina más barata del mundo y una educación lamentable para los más pobres. ¿Cómo convertir la gasolina que se regala en la educación de calidad que falta? Con una doble revolución educativa: la educación de la sociedad para que rechace la estupidez de regalar y la venda a precio razonable y con ello financiar buenos educadores, buena dirección de las escuelas y buena dotación escolar. En Brasil usted necesita 300 bolívares para llenar un tanque de 40 litros, en Colombia 200 y en Venezuela menos de 4 bolívares. Lo que estimula, además, el exceso de vehículos, la contaminación creciente y el despilfarro energético. ¡Lamentable!

En este asunto el bloqueo es mental por asociar erradamente el regalo de la gasolina con la bondad de los gobernantes y el cobro responsable del combustible con el levantamiento popular contra el gobierno que lo haga. Necesitamos inteligencia para asociar la buena educación pública con buen cobro de la gasolina. El tema es de inteligencia y sentido educativo, más que económico. Según estudios recientes, la gente entiende la actual (y la pasada) bobería, pero piensa que, si se produce un aumento, éste irá a alimentar la corrupción gubernamental. Este es el punto que hay que combatir, no con promesas sino con hechos.

Por eso el país primero tiene que visualizar un plan educativo concreto con tres bases como son la transformación (y creación de nuevas) de las 5.000 escuelas más pobres en planteles dignos y de calidad, tanto en edificación como en dotación; la rápida formación especializada de 10.000 directores cualificados para la buena gestión escolar y una política sostenida para mejorar los ingresos de los educadores con estímulos al rendimiento y buen desempeño. Regalar gasolina es también privarse de la palanca necesaria para estimular y promover un plan especial de nuevas vocaciones de educadores: Es una tragedia nacional la falta de miles de profesores de matemáticas, física, biología, inglés… y que para la mayoría de los bachilleres la opción de la carrera educativa sea la menos valorada.

Este no es un tema de campaña electoral sino de consenso nacional. Se logrará si primero se hace ese programa educativo de manera clara, preciso y bien comunicado. Que el país vea con transparencia cómo el litro de gasolina, con el precio recuperado, se va transformando en un niño con buena educación y en un país con millones de jóvenes bien preparados para la vida, dotados de valores y competencias profesionales.

De más está decir que tiene que haber un decidido programa para no afectar al combustible que se usa en el transporte colectivo público y de alimentos. Por eso básicamente la estrategia debe comenzar con la gasolina de 95 octanos.

http://www.el-nacional.com/noticia/40541/16/gasolina-para-educar-/-luis-ugalde.html

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